En una noche mágica donde las haya, he olvidado en mi "despedida" de este medio, el decir, que sólo el amor a la tierra,hace posible el amor a nosotros mismos.
Sin el respeto a la tierra, nos destruimos.
Cuando la Naturaleza se nos muestra cruel, hemos de preguntarnos en que la hemos ofendido, y sobretodo, donde la hemos omitido.
No estoy segura, si es esto lo que quería manifestar como última despedida, ni siquiera sé si no volveré a hacer esto otra vez,, pero sí estoy segura de que, por muy inteligente que el ser humano se considere, la madre natura, no dudará en manifestarle lo equivocado que está con respecto a ella.
Buena madrugada.
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sábado, 27 de febrero de 2010
La mayoría de las veces lo importante se omite y se deja paso a lo banal.
Eso es al menos lo que a mi me ocurre.
En mi diario oculto, en el que sólo a mi y a mi amiga le pertenece, se plasma el temor, la duda, la reflexión honda que todo vivir conlleva.
En él se refleja también la profunda calma, la armonía de algunos ratos inolvidables que la vida nos regala así, sin más.
Me sorprende todo cielo, todo pájaro, toda florecilla, todo árbol. Todo aquello que tiene vida. El mar, enorme tazón de leche. El mar, diamantino esplendor, que, como todo esplendor no se deja contemplar.
Quién menos me sorprende-aunque lo manifieste como coletilla-es el ser humano. Es el más previsible hasta en sus extremos de amor o beligerancia. En su sublimidad y en su mísera faceta de hipocrática y petulancia.
Es el más arrogante de los seres vivos.
El árbol se alza altivo, la flor también pero sólo el ser humano opina así de ellos porque es incapaz de verlos como son. Seres vivos que viven sin calificarse.
Me gustaría ser una gallina. Poner un huevo al día, a veces incluso dos y así pasaría la vida.
Eso es al menos lo que a mi me ocurre.
En mi diario oculto, en el que sólo a mi y a mi amiga le pertenece, se plasma el temor, la duda, la reflexión honda que todo vivir conlleva.
En él se refleja también la profunda calma, la armonía de algunos ratos inolvidables que la vida nos regala así, sin más.
Me sorprende todo cielo, todo pájaro, toda florecilla, todo árbol. Todo aquello que tiene vida. El mar, enorme tazón de leche. El mar, diamantino esplendor, que, como todo esplendor no se deja contemplar.
Quién menos me sorprende-aunque lo manifieste como coletilla-es el ser humano. Es el más previsible hasta en sus extremos de amor o beligerancia. En su sublimidad y en su mísera faceta de hipocrática y petulancia.
Es el más arrogante de los seres vivos.
El árbol se alza altivo, la flor también pero sólo el ser humano opina así de ellos porque es incapaz de verlos como son. Seres vivos que viven sin calificarse.
Me gustaría ser una gallina. Poner un huevo al día, a veces incluso dos y así pasaría la vida.
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