Aquella visita primera a la cueva, más que llenarme de estupor (era "su casa") me llenó de firmeza y de resolución, me indicó que tenía que hacer y lo que debía hacer.
En primer lugar, llevar a Miguel a comer a casa. Claro que antes de sentarlo a la mesa había que darle un buen lavado.
Sin problema pues.
En segundo lugar, reunir a las compañeras y exponer los pasos a seguir.
Todas se apuntaron encantadas. El entusiasmo era frenético.
Debíamos poner una cantidad de dinero cada una y manos a la obra.
Para no hacer esperar a la familia de Miguelito, decidimos ir de compras. Así lo hicimos.
Primero y primordial, tela para tres colchones, luego aceite, sal, garbanzos, lentejas, leche. Y muy importante: unas galletas. A los hermanos de Migué y a Migué mismo les iban a encantar.
Esto debía ir a la cuenta de uno de los padres hasta que nosotras reuniésemos el dinero. Sin embargo hubo problemas y ninguna puso al suyo a disposición de los tenderos.
La decisión se tomó sin votos en contra. Sería el mío. Mi padre el que hasta entonces se hiciese responsable de la compra.
Llenas de alegría nos fuimos para la "casa" de Miguelito y les dí la compra, Las risas y las gracias señorita no querían acabar.
Qué felicidad ver aquellas caras tan atónitas como felices.
Me despedí de ellos y salí a la luz del sol. Las compañeras me esperaban un poquito más abajo porque según ellas les daba cosa de que entrásemos tantas niñas.
Les hablé de las risas de los niños, de la sorpresa de la madre, el marido estaba trabajando. Y las compañeras y yo nos llenamos de vida mística católico-dominica.
Pasaron los días y con la pérdida de misticismos se perdieron las voluntades familiares de aportar algo y liberar a mi padre de toda la deuda, y a mi, del chaparrón antimístico que me iba a caer encima.
La sangre no llegó al río porque ni lo recuerdo. Pero no olvido como dijeron mis padres: que había que contar primero con ellos.
Cuando fuí más grande tampoco volví a contar con las compañeras sin que delante me pusieran el parné.
De lo que no me puedo ni me quiero olvidar es de los Miguelitos de este mundo y de la alegría que les dá un buen lavado y una cama cómoda. En su defecto un vasico de vino, o un café caléntico.
Y por último, gracías Miguelito , porque tú sí que me enseñaste.
Uno, a confíar en alguién.
Dos, a ser feliz con poco.
Tres, a no mirar para otro lado cuando alguién te pida para un café.
domingo, 20 de septiembre de 2009
David del Greco
He tocado el cielo con los desdos.
Es algo tan sencillo como la llamada de un amigo. Ese amigo trotamundos y viajero que en un alto del camino dice que te recuerda.
Dice, te envio un beso más cercano que con el pensamiento. Así, de voz en voz en la lejanía. Por las ondas sonoras del teléfono.
Gracias David. Mi místico amigo.
Es algo tan sencillo como la llamada de un amigo. Ese amigo trotamundos y viajero que en un alto del camino dice que te recuerda.
Dice, te envio un beso más cercano que con el pensamiento. Así, de voz en voz en la lejanía. Por las ondas sonoras del teléfono.
Gracias David. Mi místico amigo.
viernes, 18 de septiembre de 2009
raices
Nací en Andalucía. Según no sé que expertos soy por el apellido celta.
Por la música que amo soy folcloríca internacional. Universal sería la definición concreta.
Me gusta la música de cualquier pueblo del mundo. Y asimismo quasi cualquier tipo de música.
Me considero un mosaico. Y no es de extrañar. Siendo - como dicen celta- mi sentir no es de ningún sitio concreto.
Sentimental, romántica. No hay estilo arquitectónico al que le haga feos.
En la pintura salvo el renacimiento le encuentro un puntito a toda. Con matices, claro. La que más el impresionismo. En especial Renoir. Y otros muchos.
No, no creáis que sé algo de nada. No. Sé de lo que me gusta. Y me gusta sencillamente. Sin lineas ni pinceladas, sin brochazos finos o menos finos. Es algo visceral.
Nada de estilo salvo algún que otro por visto y revisto asumido. Y siempre según los expertos.(El estilo, que no el gusto.)
En el vestir me gustan los colores. En especial los del terciopelo la seda y el muaré. También la pana y el lino. Adoro el vichy por su abundancia de geometrías y colores. Por su sencillez y variación.
El tisú para la noche intima. Y el schifón ¡aua!Apaga y vámonos.
No olvido el farelae, ni el estilo andaluz pokr excelencia. Al igual que me fascina el mejicano o el holiwoodiense de Marilin, o el francés de la Francia popular algo picante e insinuante. Ya el Tracht alemán o suizo o austriaco.
Si arábigo, o indú, ya indio cheroke o de cualquier parte de America-latina. África entera. Sus colores y atuendos. Ya del indio nortamernicano. Vaya, que no me privo de nada, y todo se convierte en sentir. Amazónico original, brasileiro,fado portugués.
Saris, anacor o como se llame. Todo en el mundo me gusta siendo lo que es.
Ya lo dije. No tengo patria. Pero si lugar de nacimiento. Una identidad acorde con tantos pueblos que "nos" abordaron y tantos con los que convivimos. Y con los que no. Los siento igualmente míos porque no sé quién ni donde, ni cuando nos pudimos enredar. Quizá en eso de la humanidad.
Ni que decir tiene que las banderas me sonrojan. Jesús, Jesús. A estas alturas resulta algo alejado del concepto humanismo.
Suelen crear adeptos definidos e un modo único de pensar. Por favor.
En el sliglo XXI. Puf! Troglodítica absoluto.
Por la música que amo soy folcloríca internacional. Universal sería la definición concreta.
Me gusta la música de cualquier pueblo del mundo. Y asimismo quasi cualquier tipo de música.
Me considero un mosaico. Y no es de extrañar. Siendo - como dicen celta- mi sentir no es de ningún sitio concreto.
Sentimental, romántica. No hay estilo arquitectónico al que le haga feos.
En la pintura salvo el renacimiento le encuentro un puntito a toda. Con matices, claro. La que más el impresionismo. En especial Renoir. Y otros muchos.
No, no creáis que sé algo de nada. No. Sé de lo que me gusta. Y me gusta sencillamente. Sin lineas ni pinceladas, sin brochazos finos o menos finos. Es algo visceral.
Nada de estilo salvo algún que otro por visto y revisto asumido. Y siempre según los expertos.(El estilo, que no el gusto.)
En el vestir me gustan los colores. En especial los del terciopelo la seda y el muaré. También la pana y el lino. Adoro el vichy por su abundancia de geometrías y colores. Por su sencillez y variación.
El tisú para la noche intima. Y el schifón ¡aua!Apaga y vámonos.
No olvido el farelae, ni el estilo andaluz pokr excelencia. Al igual que me fascina el mejicano o el holiwoodiense de Marilin, o el francés de la Francia popular algo picante e insinuante. Ya el Tracht alemán o suizo o austriaco.
Si arábigo, o indú, ya indio cheroke o de cualquier parte de America-latina. África entera. Sus colores y atuendos. Ya del indio nortamernicano. Vaya, que no me privo de nada, y todo se convierte en sentir. Amazónico original, brasileiro,fado portugués.
Saris, anacor o como se llame. Todo en el mundo me gusta siendo lo que es.
Ya lo dije. No tengo patria. Pero si lugar de nacimiento. Una identidad acorde con tantos pueblos que "nos" abordaron y tantos con los que convivimos. Y con los que no. Los siento igualmente míos porque no sé quién ni donde, ni cuando nos pudimos enredar. Quizá en eso de la humanidad.
Ni que decir tiene que las banderas me sonrojan. Jesús, Jesús. A estas alturas resulta algo alejado del concepto humanismo.
Suelen crear adeptos definidos e un modo único de pensar. Por favor.
En el sliglo XXI. Puf! Troglodítica absoluto.
miércoles, 16 de septiembre de 2009
Mis días son anónimos-tal y como yo soy.De vez en cuando me trae la vida cantes y flores. Los senderos opacos que he cruzado han sido muchos pero me sigue gustando mirar a las nubes y sentir que son la mejor cabalgadura.
Me dijo: te llevaré a Cuba. Sí, pensé. A morir en un bailón.
Y nada de llevar o traer restos anónimos, sino que se cante y y alguien traiga alguna flor. y que por supuesto dejen que pise todos los senderos si es que acaso los hubiese.
No me gustaría no conocer Cuba. La Cuba con hoteles ni caminos determinados. No esa Cuba. ¡Oh no!
Conocer Cuba en familia. Sentir con ellos. Vivir con ellos y con ellos sentir la tierra cubana.
Diez, quince días, el resto de la vida.¿Quién sabe?
Ya en sueños la visito. La raíz, su raíz, no la conozco.
Si. Mi vida es anónima- tal y cono yo soy. Mi vida trae a veces cantes y flores. Los senderos opacos siguen siendo alguna vez. Me quedan las
nubes: mi mejor cabalgadura...
Me dijo: te llevaré a Cuba. Sí, pensé. A morir en un bailón.
Y nada de llevar o traer restos anónimos, sino que se cante y y alguien traiga alguna flor. y que por supuesto dejen que pise todos los senderos si es que acaso los hubiese.
No me gustaría no conocer Cuba. La Cuba con hoteles ni caminos determinados. No esa Cuba. ¡Oh no!
Conocer Cuba en familia. Sentir con ellos. Vivir con ellos y con ellos sentir la tierra cubana.
Diez, quince días, el resto de la vida.¿Quién sabe?
Ya en sueños la visito. La raíz, su raíz, no la conozco.
Si. Mi vida es anónima- tal y cono yo soy. Mi vida trae a veces cantes y flores. Los senderos opacos siguen siendo alguna vez. Me quedan las
nubes: mi mejor cabalgadura...
martes, 15 de septiembre de 2009
GAZA
A buena hora Charles Boyar. La ONU tiene indicios de crímenes de guerra en Gaza.
Sino fuese porque la cosa es endemoniadamente triste me pondría a reír como una loca.
Si lo sé hasta yo y sin indicios, sino de buena tinta.
Directamente de paléstinos.
Y de reporteros españoles que se la han jugado y hemos visto como bombardean hasta los hospitales.
Indicios. Manda guevos. Indicios dicen estos sres. con unas estructuras de mirame y no te menees y sólo tienen indicios.
Lo dicho, es para que nos dé un ataque de indignación, otro de impotencia, otro de ira. Pero de dolor sobretodo.
¿Por qué no quieren a los judíos en ninguna parte?
Me agradaría saberlo.
También nos llenó de dolor, de estupor incluso el holocausto. La barbarie que sufrieron los judíos especialmente, si bien lo hicieron con españoles, y croatas y todo lo que se opusiera a su locura del poder nazi. Qué sino locura fue.
Y ahora ellos Israel infringen dolor. Y no sólo a los paléstinos sino a todas aquellas personas que odian las guerras y sus consecuencias de muerte y destrucción de la raza humana.
Sino fuese porque la cosa es endemoniadamente triste me pondría a reír como una loca.
Si lo sé hasta yo y sin indicios, sino de buena tinta.
Directamente de paléstinos.
Y de reporteros españoles que se la han jugado y hemos visto como bombardean hasta los hospitales.
Indicios. Manda guevos. Indicios dicen estos sres. con unas estructuras de mirame y no te menees y sólo tienen indicios.
Lo dicho, es para que nos dé un ataque de indignación, otro de impotencia, otro de ira. Pero de dolor sobretodo.
¿Por qué no quieren a los judíos en ninguna parte?
Me agradaría saberlo.
También nos llenó de dolor, de estupor incluso el holocausto. La barbarie que sufrieron los judíos especialmente, si bien lo hicieron con españoles, y croatas y todo lo que se opusiera a su locura del poder nazi. Qué sino locura fue.
Y ahora ellos Israel infringen dolor. Y no sólo a los paléstinos sino a todas aquellas personas que odian las guerras y sus consecuencias de muerte y destrucción de la raza humana.
sábado, 5 de septiembre de 2009
¿VIDA?
Ya no veo los amaneceres, sólo los ocasos.
Busco en el crepúsculo la autenticidad de nuestro fin.
Me aterra el día, el trasiego sin rumbo que obvia
donde vamos, quienes somos, que queremos.
Ya no veo amaneceres, sólo ocasos, su esplendor de sangre
y fuego, los perfiles de un país cercano
que tan lejos está de nuestra comprensión.
Las sonrisas de antaño, la cercanía la encuentro en los ocasos.
No anda de calle en calle, de acera en acera. Ahí
allo cadáveres y sombras, ojos huecos mirando al suelo.
Cabezas que perdieron la flexibilidad de un cuello
curioso, vivo, erecto.
No, ya no veo amaneceres, miro a mi propio ocaso.
¿Quién soy yo sin la mirada de los otros?
Ocaso mismo.
Busco en el crepúsculo la autenticidad de nuestro fin.
Me aterra el día, el trasiego sin rumbo que obvia
donde vamos, quienes somos, que queremos.
Ya no veo amaneceres, sólo ocasos, su esplendor de sangre
y fuego, los perfiles de un país cercano
que tan lejos está de nuestra comprensión.
Las sonrisas de antaño, la cercanía la encuentro en los ocasos.
No anda de calle en calle, de acera en acera. Ahí
allo cadáveres y sombras, ojos huecos mirando al suelo.
Cabezas que perdieron la flexibilidad de un cuello
curioso, vivo, erecto.
No, ya no veo amaneceres, miro a mi propio ocaso.
¿Quién soy yo sin la mirada de los otros?
Ocaso mismo.
martes, 1 de septiembre de 2009
de los encuentros
LLegaron sin previo aviso. Los dientes se me salían de la boca. No podía moverme de otra visita inesperada -un lumbago de no te menees-,
pero la dicha era tan grande que, aún cojeando extrañamente-todos se reían del modo de andar-me sentía pluma al viento.
En mi diarío íntimo siempre expresé: la visita sorpresa de los amados como el más grande deseo.
Hete aquí que, en los últimos tiempos, todo parece confabularse para que los pequeños o menos grandes deseos se cumplan.
Los grandes son los utópicos: fuera la guerra, el hambre, la explotación del hombre por el hombre y que no por utópicos pienso dejar de seguir
deseando.
Fue toda una hermosa ceremonia de abrazos, bienvenidas, nuevas amistades y viejos reencuentros.
Ojalá todos los seres humanos, se les ofrezca ésta inabarcable felicidad
que se siente al saberse amado.
pero la dicha era tan grande que, aún cojeando extrañamente-todos se reían del modo de andar-me sentía pluma al viento.
En mi diarío íntimo siempre expresé: la visita sorpresa de los amados como el más grande deseo.
Hete aquí que, en los últimos tiempos, todo parece confabularse para que los pequeños o menos grandes deseos se cumplan.
Los grandes son los utópicos: fuera la guerra, el hambre, la explotación del hombre por el hombre y que no por utópicos pienso dejar de seguir
deseando.
Fue toda una hermosa ceremonia de abrazos, bienvenidas, nuevas amistades y viejos reencuentros.
Ojalá todos los seres humanos, se les ofrezca ésta inabarcable felicidad
que se siente al saberse amado.
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