Vino a los ocho años de silencio. Sentí mi peinado como algo engorroso, repeinado, recogido en un artístico moño.
Ya no sentirá el pelo sus caricias.
Los próximos días lo dejé suelto, sin lacas ni geles. El pelo se volvió vivo, alentador y esperanzado. Ya, añorante.
No regresó. Ni sus manos volverán a posarse sobre él. Quizás en otros ocho años...
Volví los ojos hacia aquél suceso único. Como todos los sucesos de cada día. Aunque no los recordemos, aunque creamos que son viejos y reiterados.
Sencillamente es la capacidad de medida que les aplicamos.
Aquél colmó toda métrica.
Nuestras bocas tropezaron y se avalanzaron la una a la otra descontroladas, con vida propia.
Sí. Aquél momento lo definí como: un choque de trenes.
Salí huyendo despavorida.
-No puedo, no puedo, susurré.
Sólo aplacé lo que tenía que suceder.
¡Ah, un lapso eterno de veinticuatro horas!
Trás ese impromptus, llené mi cama con otra presencia. La suya, su presencia, era demasiado peligrosa para mi corazón.
Él sonrió ante el ocupante.
Le dije: es que tardaste mucho en volver.
Durante una semana regresó. Nunca más se rozaron nuestros cuerpos.
El pelo continua añorando sus manos.
domingo, 26 de abril de 2009
domingo, 19 de abril de 2009
una carta
Cada cual tiene una forma de estar por el otro-los otros. Yo asumo que tú estás mucho más por mi.
Yo puedo hacer lo mismo si me dejas.
Puedo ir a vuestra casa y ocuparme de labores que te aliviarían. Una condición si hay. Tendrías que devolverme a casa cuando fuese posible.
Puedo hacer mucho más que recibir aunque me guste mucho y me hagas sentir bien. ¡Dispón de mi! sobretodo ahora que sé que andas algo perdida, sobre dimensionada.
Sabes que puedo hacerlo, que puedo estar a tu lado realmente haciendo cosas por tí. Trabajo físico incluido. Implicándome más allá des espíritu. No sólo con cartas a corazón abierto.
Es obvio que me encanta que me cuides, que me mimes. Me chifla sentirme querida, respetada, utilizada por ti. Y déjame darte. No te dejes engañar por tu amor por mí. No te dejes engañar por mis debilidades reales y aparentes. Salvo cuando desmayo soy fuerte. Lo justo para hacer algo por ti. (La mente vanidosa susurró; por la humanidad). Pero es poco veraz el susurro.
De heroína me queda la rebeldía de un mundo injusto, y de un amor extenuado por vivir.
Me siento bien entre éstas lineas. En estos descubrimientos nuevos o viejos, inacabables por lo
escuetos de mí frente a ti y contigo.
Y no, amiga del alma, no es surrealismo sino la incapacidad para encontrar los rénglones rectos de un proceder que se tuercen bajo el peso de la incoherencia
Siempre me costó ser coherente en lo que digo y escribo. Es difícil mantenerse en la firmeza cuando mil ideas revolotean por este pequeño coquito que la Natura me otorgó.
Es difícil escribir concisamente cuando el temblor sacude inmisericorde, cuando el mundo en el que pretendes afianzarte, fijarte, sostenerte se derrumba, se cae, se abandona y se hace añicos.
Querida amiga. Me encanta vivir, Sobretodo desde que tú le diste esa certeza a mi propia creencia de lo que los humanos nos debemos y que tan ralos son los que lo practicamos- tú andas excluida-.
Sin embargo yo me pongo en la avanzadilla, y no para justificarme sino para constatarme.
Es lo que veo en mí. Y lo que me hace ser tan feliz es aquello que tu ves en mí.
Es tú propio mérito.
Lenguaraz y salvaje me llamas. Tienes razón. Contravengo lo que se me enseñó y a veces soy desdichada por ello. Lo maravilloso es que cada día mengua más y más la desdicha y encuentro más y más libertad.
Yo puedo hacer lo mismo si me dejas.
Puedo ir a vuestra casa y ocuparme de labores que te aliviarían. Una condición si hay. Tendrías que devolverme a casa cuando fuese posible.
Puedo hacer mucho más que recibir aunque me guste mucho y me hagas sentir bien. ¡Dispón de mi! sobretodo ahora que sé que andas algo perdida, sobre dimensionada.
Sabes que puedo hacerlo, que puedo estar a tu lado realmente haciendo cosas por tí. Trabajo físico incluido. Implicándome más allá des espíritu. No sólo con cartas a corazón abierto.
Es obvio que me encanta que me cuides, que me mimes. Me chifla sentirme querida, respetada, utilizada por ti. Y déjame darte. No te dejes engañar por tu amor por mí. No te dejes engañar por mis debilidades reales y aparentes. Salvo cuando desmayo soy fuerte. Lo justo para hacer algo por ti. (La mente vanidosa susurró; por la humanidad). Pero es poco veraz el susurro.
De heroína me queda la rebeldía de un mundo injusto, y de un amor extenuado por vivir.
Me siento bien entre éstas lineas. En estos descubrimientos nuevos o viejos, inacabables por lo
escuetos de mí frente a ti y contigo.
Y no, amiga del alma, no es surrealismo sino la incapacidad para encontrar los rénglones rectos de un proceder que se tuercen bajo el peso de la incoherencia
Siempre me costó ser coherente en lo que digo y escribo. Es difícil mantenerse en la firmeza cuando mil ideas revolotean por este pequeño coquito que la Natura me otorgó.
Es difícil escribir concisamente cuando el temblor sacude inmisericorde, cuando el mundo en el que pretendes afianzarte, fijarte, sostenerte se derrumba, se cae, se abandona y se hace añicos.
Querida amiga. Me encanta vivir, Sobretodo desde que tú le diste esa certeza a mi propia creencia de lo que los humanos nos debemos y que tan ralos son los que lo practicamos- tú andas excluida-.
Sin embargo yo me pongo en la avanzadilla, y no para justificarme sino para constatarme.
Es lo que veo en mí. Y lo que me hace ser tan feliz es aquello que tu ves en mí.
Es tú propio mérito.
Lenguaraz y salvaje me llamas. Tienes razón. Contravengo lo que se me enseñó y a veces soy desdichada por ello. Lo maravilloso es que cada día mengua más y más la desdicha y encuentro más y más libertad.
lunes, 13 de abril de 2009
La Educación
Sucede que, la mayoría de las veces aprendemos tarde. Sucede que las generaciones
suelen ser incompatibles. Sucede que vemos en los demás lo que los demás ven en
nosotros. Sucede que la más denodada lucha es la propia. Sucede que para ser y sentirse responsable hay que empezar por uno mismo. Sucede que cuando decides
que hay que hacerlo con los demás has de empezar contigo
Sí, todo eso sucede, pero lo ves cuando el tiempo, imparable , te lo muestra con toda
nitidez. Y sucede que ahora sabes que tienes que ser coherente aunque tengas que
poner lo imposible por tu parte.
Y duele, cuesta es difícil. Muy difícil. Tienes que seguir adelante sin mirar, sin pensar
en lo que te juegas. Te pones en la fría mirada del que le has negado algo ( en tu humilde opinión ) para su bien.
Tu te quedas jodida. Te exiges y le exiges algo que el otro no comprende. Pero no hay
marcha atrás.
Para aprender hay que comenzar contigo mismo.
suelen ser incompatibles. Sucede que vemos en los demás lo que los demás ven en
nosotros. Sucede que la más denodada lucha es la propia. Sucede que para ser y sentirse responsable hay que empezar por uno mismo. Sucede que cuando decides
que hay que hacerlo con los demás has de empezar contigo
Sí, todo eso sucede, pero lo ves cuando el tiempo, imparable , te lo muestra con toda
nitidez. Y sucede que ahora sabes que tienes que ser coherente aunque tengas que
poner lo imposible por tu parte.
Y duele, cuesta es difícil. Muy difícil. Tienes que seguir adelante sin mirar, sin pensar
en lo que te juegas. Te pones en la fría mirada del que le has negado algo ( en tu humilde opinión ) para su bien.
Tu te quedas jodida. Te exiges y le exiges algo que el otro no comprende. Pero no hay
marcha atrás.
Para aprender hay que comenzar contigo mismo.
lunes, 6 de abril de 2009
Pensamientos
Entre los muchos silencios que se pueden llegar a sentir hay uno adorable: El silencio entre cómplices. El más horrendo el que guardan aquellos que dicen amarte. El más íntimo el propio bajo las estrellas. El más dulce el del amado bajo la luna. El más impresionante el de las montañas en plena noche. El más desesperanzador el de la muerte.
domingo, 5 de abril de 2009
Diario
Pinto verde. Esperanza marcada.Puerta entreabierta.Una luz ceñida a cada alba.
Las palabras se encogen medrosas. Hay oídos indiscretos en el aire. Tiemblo. No acude el ansiado, el deseado se oculta, quizás también asustado. Desaparecerá el
temor algún día. ¿Es probable? Dudo.El momento ansiado se demora. Siempre fue
parco.Irreconocible a veces lo dejé marchar.Prevalece el miedo.Sombra atenta, omni-
presente.Irradio luz momentánea.A veces apreté. Por un segundo sentí su aliento.Se erizó la píel.Sonreí.Volvió a su escondite.Le gusta jugar a los disfraces.¡Ay!Lo aprensible es un segundo inmortal.Los viví, los viviré.Pinto verde. Esperanza marcada.Puerta entreabierta.Sigo aquí.
Las palabras se encogen medrosas. Hay oídos indiscretos en el aire. Tiemblo. No acude el ansiado, el deseado se oculta, quizás también asustado. Desaparecerá el
temor algún día. ¿Es probable? Dudo.El momento ansiado se demora. Siempre fue
parco.Irreconocible a veces lo dejé marchar.Prevalece el miedo.Sombra atenta, omni-
presente.Irradio luz momentánea.A veces apreté. Por un segundo sentí su aliento.Se erizó la píel.Sonreí.Volvió a su escondite.Le gusta jugar a los disfraces.¡Ay!Lo aprensible es un segundo inmortal.Los viví, los viviré.Pinto verde. Esperanza marcada.Puerta entreabierta.Sigo aquí.
viernes, 27 de marzo de 2009
Entre pan y pan
Entre sueños rotos, cercanías imprescindibles.
Así es esa relación de amistad que supera los harapos de la realidad. De esa realidad que es capaz de destrozar, y de la que emerge como ave Fénix lo puro, lo insoslayable, lo auténtico. No, no hemos paseado por las playas morenas, no hemos comido sino el alimento más deseable. ¿Se puede pedir más?. Nada de lo intuido se hizo. Se hizo lo que mandaba el momento interminable de la voluntad del encuentro. Se hizo como en un principio la luz, o como creemos que se hizo. Porque la luz aparece cuando menos la esperas, y sobre todo cuando nada esperas porque sabes.
Con ella es así. Siempre gozo. Siempre gozo.
Es, mi Miranda. Esa de ojos agarenos, de corazón desnudo, de enseñanza sin vanagloria. Es mi
amiga.
Dicen que hay que tener un hijo, sembrar un árbol y escribir un libro. No he tenido un hijo, no he escrito libro alguno y espero haber sembrado más de uno y de dos y de tres arboles. Pero estoy muy orgullosa de haber sembrado amistad y haber recolectado alguna. De una estoy cada día más convencida: la de Miranda que se afirma en lo cotidiano como si fuera lo más natural del mundo. Es la felicidad.
Así es esa relación de amistad que supera los harapos de la realidad. De esa realidad que es capaz de destrozar, y de la que emerge como ave Fénix lo puro, lo insoslayable, lo auténtico. No, no hemos paseado por las playas morenas, no hemos comido sino el alimento más deseable. ¿Se puede pedir más?. Nada de lo intuido se hizo. Se hizo lo que mandaba el momento interminable de la voluntad del encuentro. Se hizo como en un principio la luz, o como creemos que se hizo. Porque la luz aparece cuando menos la esperas, y sobre todo cuando nada esperas porque sabes.
Con ella es así. Siempre gozo. Siempre gozo.
Es, mi Miranda. Esa de ojos agarenos, de corazón desnudo, de enseñanza sin vanagloria. Es mi
amiga.
Dicen que hay que tener un hijo, sembrar un árbol y escribir un libro. No he tenido un hijo, no he escrito libro alguno y espero haber sembrado más de uno y de dos y de tres arboles. Pero estoy muy orgullosa de haber sembrado amistad y haber recolectado alguna. De una estoy cada día más convencida: la de Miranda que se afirma en lo cotidiano como si fuera lo más natural del mundo. Es la felicidad.
jueves, 26 de marzo de 2009
Failure
Una noche más que el sueño no escucha mis llamadas.
Mañana estaré con cara de zombi y desganada. Pobre amiga mía la que le espera. Porque hemos quedado en vernos y almorzar juntas, pasear por la arena morena malacitana y contarnos nuestras penas y glorias, nuestros amores y desencuentros. Desencuentros que en los tiempos actuales menudean más que los amores. Y es que nos vamos desencantando. Quizás porque la selección se torna más y más extricta.
Vamos aprendiendo a desguazar, a sortear lo que no nos satisface, lo que nos causa
disgusto. Y con el disgusto viene siempre asido el sufrir. Y con cada día deseamos sufrir menos. ¿Y quien no?. Nos asiste el derecho a la felicidad. Esa felicidad que debería ser una asignatura universal y a la que todos aspiramos y la que con tanta maña eliminaron del calendario de actividades. Aún hoy siguen decididos en sus discursos a hacernos creer que el sufrir es natural, que debemos reaccionar con entereza ante él. Claro que esto lo manifiestan aquellos que son felices gracias a nuestra obediencia y sumisión.
A la mayoría nos cuentan del padecer de Jesús que debemos imitar. Es triste no poder abofetear a placer a quienes con un cinismo sin parangón predican tales barbaridades.
Supongo que al pobre ser no le gustó un ápice sufrir. Se lo hicieron y punto. Separaron y separan bien el polvo -que somos nosotros- y ellos se adjudican la paja.
Ricos y listos. Qué más se puede pedir.
Mañana, no obstante será como siempre que mi amiga y yo nos encontramos. Esto es placentero y abundante en intercambios de opiniones, mimos, música y la mejor de las alegrías.
Mañana estaré con cara de zombi y desganada. Pobre amiga mía la que le espera. Porque hemos quedado en vernos y almorzar juntas, pasear por la arena morena malacitana y contarnos nuestras penas y glorias, nuestros amores y desencuentros. Desencuentros que en los tiempos actuales menudean más que los amores. Y es que nos vamos desencantando. Quizás porque la selección se torna más y más extricta.
Vamos aprendiendo a desguazar, a sortear lo que no nos satisface, lo que nos causa
disgusto. Y con el disgusto viene siempre asido el sufrir. Y con cada día deseamos sufrir menos. ¿Y quien no?. Nos asiste el derecho a la felicidad. Esa felicidad que debería ser una asignatura universal y a la que todos aspiramos y la que con tanta maña eliminaron del calendario de actividades. Aún hoy siguen decididos en sus discursos a hacernos creer que el sufrir es natural, que debemos reaccionar con entereza ante él. Claro que esto lo manifiestan aquellos que son felices gracias a nuestra obediencia y sumisión.
A la mayoría nos cuentan del padecer de Jesús que debemos imitar. Es triste no poder abofetear a placer a quienes con un cinismo sin parangón predican tales barbaridades.
Supongo que al pobre ser no le gustó un ápice sufrir. Se lo hicieron y punto. Separaron y separan bien el polvo -que somos nosotros- y ellos se adjudican la paja.
Ricos y listos. Qué más se puede pedir.
Mañana, no obstante será como siempre que mi amiga y yo nos encontramos. Esto es placentero y abundante en intercambios de opiniones, mimos, música y la mejor de las alegrías.
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