domingo, 22 de noviembre de 2009

desayuno con aguamarina

Como un cielo apagado se torna el ánimo.
La mañana no empuja. La incertidumbre se propala turbulenta.
Dicen que ninguna noticia es buena noticia.
Yo albergo dudas.
La preocupación me ocupa toda.

Pregunto y nadie sabe. Pongo un mensaje trás otro y el eco se ha vuelto mudo.
Telefoneo y responde el tono de una voz ajena a la que deseo, quiero oír.

No es día de trinos. Todo alrededor es silencio espeso.
Hay mil modos de decir silencio.
Resuena la palabra en mi oído.
Silencio, silencio. Están dormidos.
¿Todos están durmiendo?
Así parece.
Si duermen descansan,¿por qué entonces mi tribulación?

Tal vez el ego indómito de nuevo.
Quiero saber, necesito saber, pero todos duermen.

La respuesta está en oriente. Allí se cuentan cosas al oído presto y ávido de conocimiento y cercanía.
En occidente las máquinas no paran de decir. A mi me suena a necedad.
Debo irme a oriente.
A hablar con las manos y los pies, con los gestos y la danza.

Quiero ser oída, respetada, amada como cualquier otro ser.

En occidente el murmullo de las máquinas apaga las voces.

martes, 3 de noviembre de 2009

Para los impacientes como el que suscribe, buscar en Internet se le vuelve una odisea.

A la odisea, hemos de añadirle la impericia. El descontento está servido.

¡Aprender cuesta tanto!

El Inem me otorgó en su momento códigos, pin y puk (parecen personajes de cuentos) pero ni por esas.

Lo que uno quiere en realidad, con todos estos intentos, es no tener que pasar horas y horas para obtener un documento en un minuto, ni tener que desplazarse a catorce kilómetros del lugar donde uno habita para ello.

El acceso al autobús de regreso tampoco está a un tiro de piedra, la verdad. Total que te armas de paciencia y lo intentas por este maravilloso mundo de Internet, desde hace más de media hora sin resultado.

Ay,ay,ay, que van a tener razón los que dicen que, España es diferente.

Claro que, puede ser que mi torpeza sea magistral.

En fin que tendremos que decidir hacer el viaje, y, esperemos que no nos digan: "vuelva Ud. mañana".

miércoles, 28 de octubre de 2009

La dicha vívida y palpitante de ayer en otro encuentro sincero de amigos permanece hoy igual de crujiente.

Se enciende la luz interior, desaparecen los senderos ópacos y brilla el entorno cual antorcha.
El mundo se nos acerca
a pedirnos que le hagamos
felices de nuestra dicha.http://Pedro Salinas

martes, 27 de octubre de 2009

¿Proyección?

Si un ciudadano se ve obligado a vivir de un subsidio ¿es un parásito?

Hay personas que opinan que sí.

Me ocurrió hace dos días que una invitada mía me dijo exactamente eso:
que yo era un parásito.

No me causa dolor de cabeza porque no me siento tal.
Asombro, ¿a qué negarlo, ? ¡Sí!

Asombro porque quién así me dijo resulta que no da un palo al agua. Ni siquiera cumple con el menor de los deberes, y encima, aspira a un sueldo por ama de casa. Tampoco actúa como tal. ¿Entonces?

Proyectar obre los demás los propios defectos es algo muy humano, otra cosa es estar convencido de que con eso está todo dicho y hecho.

A quién pueda interesar.
¿Lo discutimos?

lunes, 26 de octubre de 2009

jueves, 15 de octubre de 2009

Miguelito

Aquella visita primera a la cueva, más que llenarme de estupor (era "su casa") me llenó de firmeza y de resolución, me indicó que tenía que hacer y lo que debía hacer.

En primer lugar, llevar a Miguel a comer a casa. Claro que antes de sentarlo a la mesa había que darle un buen lavado.

Sin problema pues.

En segundo lugar, reunir a las compañeras y exponer los pasos a seguir.
Todas se apuntaron encantadas. El entusiasmo era frenético.

Debíamos poner una cantidad de dinero cada una y manos a la obra.

Para no hacer esperar a la familia de Miguelito, decidimos ir de compras. Así lo hicimos.

Primero y primordial, tela para tres colchones, luego aceite, sal, garbanzos, lentejas, leche. Y muy importante: unas galletas. A los hermanos de Migué y a Migué mismo les iban a encantar.

Esto debía ir a la cuenta de uno de los padres hasta que nosotras reuniésemos el dinero. Sin embargo hubo problemas y ninguna puso al suyo a disposición de los tenderos.

La decisión se tomó sin votos en contra. Sería el mío. Mi padre el que hasta entonces se hiciese responsable de la compra.

Llenas de alegría nos fuimos para la "casa" de Miguelito y les dí la compra, Las risas y las gracias señorita no querían acabar.
Qué felicidad ver aquellas caras tan atónitas como felices.

Me despedí de ellos y salí a la luz del sol. Las compañeras me esperaban un poquito más abajo porque según ellas les daba cosa de que entrásemos tantas niñas.

Les hablé de las risas de los niños, de la sorpresa de la madre, el marido estaba trabajando. Y las compañeras y yo nos llenamos de vida mística católico-dominica.

Pasaron los días y con la pérdida de misticismos se perdieron las voluntades familiares de aportar algo y liberar a mi padre de toda la deuda, y a mi, del chaparrón antimístico que me iba a caer encima.

La sangre no llegó al río porque ni lo recuerdo. Pero no olvido como dijeron mis padres: que había que contar primero con ellos.

Cuando fuí más grande tampoco volví a contar con las compañeras sin que delante me pusieran el parné.

De lo que no me puedo ni me quiero olvidar es de los Miguelitos de este mundo y de la alegría que les un buen lavado y una cama cómoda. En su defecto un vasico de vino, o un café caléntico.

Y por último, gracías Miguelito , porque tú sí que me enseñaste.

Uno, a confíar en alguién.

Dos, a ser feliz con poco.

Tres, a no mirar para otro lado cuando alguién te pida para un café.

domingo, 20 de septiembre de 2009

David del Greco

He tocado el cielo con los desdos.
Es algo tan sencillo como la llamada de un amigo. Ese amigo trotamundos y viajero que en un alto del camino dice que te recuerda.

Dice, te envio un beso más cercano que con el pensamiento. Así, de voz en voz en la lejanía. Por las ondas sonoras del teléfono.

Gracias David. Mi místico amigo.